Mi Obra Está Atrasada: ¿Qué Puedo Hacer?

¿Desde dónde te ha tocado experimentar este sentimiento? ¿Al frente de la obra que estás dirigiendo? ¿Cómo propietario de tu obra en construcción?

Muchos son los que a esta altura pueden dar testimonio de esto, como para que podamos darlo por cierto.

En algún momento de esta historia nos asalta esa molesta sensación de que la obra se ha estancado; que no avanza; y que todo está predestinado a terminar mal.

La presunción de atraso nos puede llevar a dos caminos extremos.

Por un lado a la inacción; a dejar que las cosas ocurran naturalmente por temor a estar equivocados o simplemente por no saber qué hacer.

Por el otro, al camino contrario; el de la protesta o la reacción desmedida. Aún si hubiéramos estado en lo cierto y la demora fuera real, todo lo que se habrá logrado es exagerar un comportamiento para una situación que mejor se hubiera resuelto con calma.

Evidentemente en ninguno de los dos casos se tenía plena conciencia de hasta dónde era cierto eso de que “LA OBRA ESTÁ ATRASADA”.

Cualquiera de las dos situaciones nos generarán estrés, y nadie elige pasarlo.

¿Te gustaría saber si tu obra está realmente atrasada? Y de ser cierto, ¿qué hacer al respecto?

“Tipos de atraso” en obras en construcción

Me animo a decir que existen, al menos, tres tipos de situaciones que tienen que ver con las demoras o los avances lentos de las obras.

a) Las demoras reales

Es real y absolutamente comprobable que la obra está atrasada.

Supongamos una situación imaginaria: la de un contratista que hubiera pactado la construcción de tu obra en un plazo de ejecución de 10 meses.

Cada mes tu compromiso será abonar el 10% del presupuesto acordado, en función del 10% de obra ejecutada. Hasta aquí números redondos y claros.

Pero, como mencionamos al principio, es evidente que el porcentaje de avance no corresponde ni por asomo al que se acordó en el inicio.

Entiendas mucho o poco de construcción, habrán surgido elementos concretos que te lleven a pensar que esto es real y no sólo una sospecha.

El clima habrá impedido cumplir con todas las jornadas de trabajo. O la lentitud e ineficiencia del grupo de trabajo habrá sido demasiado evidente como paro no notarla.

Por la razón que sea, el atraso existe y éste te generará dos problemas principales:

• Al ritmo actual de desembolsos, en el mes 9 llevarás pagada el 90% de la obra y al contratista quizás le falte mucho mas que el 10% de los trabajos pendientes. Consecuencia: un problema financiero, que al no haber sido corregido a tiempo, será muy difícil de solucionar.

• Amén de que puedas controlar el desfasaje económico, los mayores plazos de obra serán una realidad, que de una forma u otra, te estarán afectando.

b) Las demoras “relativas”

Es real que la obra va mucho más lenta de lo que tenías previsto…, pero ¿de qué obra estamos hablando?

Tímidamente y sin tener plena conciencia de lo que estaba ocurriendo, los “ya que estamos” habrán aparecido y se habrán transformado en una costumbre peligrosa.

Como ya lo he comentado en otras oportunidades (ver “Trucos para ahorrar dinero para construir una casa”), desde un punto de vista semántico, el “ya que estamos” es una expresión que en boca del dueño de la obra precede a la intención de agregar un nuevo trabajo.

“Ya que estamos, no vamos a dejar de revestir esta pared del Lavadero…, o estirar 20cm el ambiente”, aunque nada de eso estuvo previsto en el presupuesto inicial.

Individualmente cada tarea extra quizás no representa un tiempo de trabajo muy importante. Veinte “ya que estamos” a tres meses del inicio, ya se habrán encargado de modificar todo el cronograma de avance programado.

Habrá llegado una altura de tu obra en que los trabajos adicionales se fueron agregando al punto de haber perdido la verdadera noción de cuál fue el encargo original.

En esas instancias, los límites de la misma se habrán desdibujado de tal forma, que lo que se reclama como lentitud de avance, no sabemos en base a qué obra lo estarás percibiendo.

Tendrás que tener en cuenta que un trabajo adicional no representa sólo un agregado del tiempo puntual en llevarlo a cabo.

También implicará interrumpir algo que se estaba haciendo o por comenzar a hacer, y esto necesariamente terminará generando otro tipo de demoras. Es muy complicado alterar permanentemente un esquema programado de trabajo sin afectar los tiempos de obra.

Por eso en este caso, se hace indispensable:

• Revisar cuál es el alcance de los trabajos presupuestados originalmente

• Reconocer las consecuencias del abuso de los “ya que estamos”.

Es seguro que así, al menos, podrás enojarte menos y controlar mejor tus gastos.

c) La sensación de demora

El buen clima te habrá acompañado.

El grupo de trabajo será muy eficiente y organizado.

Y no habrás sucumbido a la tentación de los “ya que estamos”.

Pero la obra te sigue pareciendo lenta!!!

Si nada raro ha ocurrido es de sospechar que mas que ante una demora, estamos ante una sensación de demora.

¿Qué ocurrió? Prueba hacer memoria.

Luego de la cimentación, la obra venía avanzando a pasos agigantados. Cada día de visita era un “jolgorio” para la vista.

Se la podía ver crecer en volumen. A ese ritmo, no sólo terminarías en tiempo; ¡¡te irías a vivir antes de lo pensado!!

Pero llegó la etapa de los encadenados…, y los obreros parecen haberse ido de vacaciones.

Aunque sabes que esto no es así, lo que probablemente no conozcas es que ha comenzado una etapa muy distinta de la obra.

Particularmente, el tiempo dedicado a la estructura de hormigón armado implica mucho trabajo de preparación de hierros y encofrados, que parecen “suspender” la construcción en un período de letargo, que no se lleva bien con tus urgencias.

Lo mismo puede haberte ocurrido luego de la obra gruesa, llegada la hora de las instalaciones de agua, gas y electricidad.

La obra ya tendrá su volumen y su impronta en el terreno, la que no se modificará por un buen tiempo.

El “sistema circulatorio” de la casa (léase, las instalaciones) son algo así como las “venas” abiertas en los muros. Recorres la obra, día tras día, para ver el mismo panorama con pocos cambios, los que parecen estancar el avance de lo que antes parecía ser una construcción en movimiento.

A esta altura te darás cuenta de hacia dónde apunta el mensaje.

Hay etapas de obra que no generan un impacto visual de cambio tan importante, como por ejemplo lo hacen la construcción de los muros o los techos, lo que no implica que el avance se haya detenido.

Tu obra se terminará en tiempo y en forma, de acuerdo a lo pactado, y en el medio habrán quedado tus enojos y tus ansiedades, que no habrán contribuido a acelerarla.

Y todo por no saber lo que podías esperar de cada etapa.

Hasta aquí el diagnóstico.

Pero nada de ello logrará aliviar la situación. Un diagnóstico no es un tratamiento.

Entonces, ¿existe un tratamiento? ¿Qué hacer con nuestras “demoras de obra”?

En esta altura del relato cabría preguntarte otra vez desde dónde estás experimentando esta historia.

¿Como profesional?

¿Como propietario?

¿Como futuro profesional o propietario?

¿Ya te ha tocado atravesar esta experiencia o pretendes anticiparte a ella?

Seas estudiante; arquitecto sin tanta experiencia o simple ser humano comenzando o por comenzar su obra, la situación será la misma: no sabes bien de qué se trata la cosa.

Todo será una nueva experiencia, de esas que no son habituales y para las que no se tiene un repertorio de reacciones aprendido a las que echar mano.

Estés donde te haya tocado estar, el tratamiento empezará por saber en qué lugar te encuentras parado, para desde allí, saber cómo reaccionar.

Si te toca ser el propietario:

Nada mejor que recurrir a quien pueda darte una visión integral del proceso por el que estás pasando. Obvio es decirlo, (porque no conozco otra receta), que éste deberá ser tu arquitecto, que se supone conoce la historia desde adentro.

Tu arquitecto, que algo de sicólogo tiene, podrá ayudarte a hacer un diagnóstico adecuado de la obra, de acuerdo a los distintos “tipos de atraso”:

a) Para tomar las decisiones de corregir las demoras y los desfases de presupuesto antes que éstos se transformen en un problema que se salga de cauce.

b) Para ir marcando los desvíos de los trabajos respecto del presupuesto original; para ayudarte a reconocerlos; para poder ponerles un número y que todo esto pueda servirte para saber en qué contexto se dan los atrasos de obra.

c) Para anticiparte las modalidades de cada etapa de la obra, lo que puedes esperar de ellas y de esa forma manejar mejor tus ansiedades.

Si te toca ser el profesional (o a punto de serlo):

No te desesperes. Nadie nace sabiendo.

Hay conocimientos que sólo la experiencia logra darnos y hasta que la experiencia llegue uno va haciendo camino al andar.

Si tienes la suerte de transitar el camino de la mano de alguien que ya lo haya hecho, tendrás la enorme satisfacción de poder reconocer cada circunstancia y anticiparte a lo que pueda venir.

Por desgracia o para mejor (vaya uno a saber), tuve que aprender sin manual y sin guía.

A la distancia, pienso en que de haberlas tenido me hubiera ahorrado más de un dolor de cabeza y quizás algunas canas. Pero como dicen, lo aprendido por el camino de la prueba y el error, se nos graba a fuego.

De cualquiera de los dos lados en que te toque estar: nada llega a ser tan trágico como para no tener solución.

Si sigues leyendo otros artículos, me lo verás repetir hasta el cansancio:

La buena predisposición al diálogo es el principal ingrediente para desactivar problemas, malos entendidos y dolores de cabeza.

Una buena forma de no llegar a estas instancias y ahorrarse malos momentos (10 Consejos para Antes de Empezar a Construir)

Algo más!!

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Acerca del autor de este artículo, Marcelo Seia

Marcelo Seia es el autor del blog arquitecturasimple.com, donde te contará la arquitectura cotidiana, sin tecnicismos, desde lo que siempre quisiste saber, hasta lo que hoy te está ocurriendo.

Desde aquí TODOS podrán acceder a la arquitectura

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